Otras ideas que incita el texto de Jane Jacobs de
la entrada anterior…
No hace
mucho, lo que más deseaba hacer al salir del colegio era que tu madre te
hubiera traído la merienda al “cole” para así no tener que pasar por casa y
quedarte directamente en la calle jugando hasta que ya no se viera en ella, o
tu madre te gritara “¡A cenar!”.
Pero
mientras que estábamos recordando estos maravillosos momentos, los niños han
dejado de jugar en la calle.
Por un
lado; el ordenador, la televisión, los videojuegos, artefactos electrónicos en
definitiva, se han implantado en nuestras casas, y han sustituido al juguete
tradicional, al que te permitía dejarte perder por tu imaginación y fantasía, o
simplemente se han sustituido a los amigos. El marco es también otro, muy
distinto. La casa sustituye a la calle, a la plaza. La forma de jugar de los
niños y las niñas de hoy es también otra, más individual, más privada,
consecuentemente, menos colectiva, menos grupal, menos participativa.
Por otro
lado; la calle es de los coches, de los aparcamientos, de las bandas
callejeras, del asfalto de los mayores, de sus bares y de su prisa. Ya no hay
sitio para ellos, hay que recluirlos en casa, en clases particulares que
aumenten su estrés, y reduzcan su tiempo libre a cero. La seguridad de
la calle se ha
degradado hasta el punto de que los padres no permiten a sus hijos bajar a
jugar por miedo de que los pase algo, y si lo hacen los determinan un lugar en
la calle, como son las aceras. De ahí no puedes moverte.
“Una ciudad donde no juegan los niños,
es una ciudad enferma”.
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